Hoy queremos tomar la oportunidad de compartir una reflexión que ha rodeado nuestras conversaciones estos últimos meses. Tiene que ver con la sobrecarga de estímulos que abundan en los diferentes medios sociales, estímulos que brotan de la novedad y de la sensación. Todo gira en torno a la urgencia de experimentar lo nuevo, especialmente hablando de experiencias culturales en Monterrey, y de ser parte de ello antes que nadie.
Creemos que el problema no necesariamente recae en el contenido que está allá afuera, ni en los algoritmos que lo soportan o rechazan. Tiene más que ver con la capacidad de las personas para prestar atención, la que nace cuando logramos vaciarnos de lo que ya creemos saber.
La ciudad que no todos ven
No basta con consumir más, necesitamos espacios que nos ayuden a discernir. En Indaga creemos que mirar distinto implica vaciarnos de lo que creemos saber, abrirnos a experiencias que nos enseñan algo nuevo. Experiencias que poco a poco nos transforman.
“La necesidad de aceleración inherente a la información reprime las prácticas cognitivas que consumen tiempo, como el saber, la experiencia y el conocimiento.” - Byung-Chul Han
Monterrey es más que lo que aparece en las guías turísticas. En estos años con Indaga, las rutas culturales, la guía, las coberturas, hemos recorrido espacios que revelan otra cara de la ciudad. Hemos caminado por Santa Lucía con otros ojos, nos hemos sentado a escuchar a quien comparte su historia, guiados por la intuición que busca cosas valiosas y no sólo por el algoritmo. Esta es la ciudad que también existe, que resiste desde lo humano, lo no necesariamente espectacular pero profundamente significativo.
La curaduría que hacemos en Indaga se trata de elegir con cuidado aquellos lugares que cuentan algo más. Cafés con historia donde se puede conversar sin prisa, librerías locales que resguardan voces, lugares escondidos en Monterrey que no buscan ser fotografiados pero sí vividos, arte emergente en Nuevo León como retrato de nuestra realidad. Son coordenadas culturales que trazamos con intención, pensando en promover lo que despiertan en quien las visita.
La palabra como punto de encuentro
Todo parte de devolverle el poder a la palabra, a la forma en que recomendamos lugares y experiencias. Ser honestos. Si algo nos conmueve, nos sorprende o nos intriga, lo compartimos. Al recuperar esa forma de conexión, volvemos a tejer comunidad, una que se construye desde la confianza, el intercambio y el encuentro cotidiano. Hemos sido testigos de cómo nuestra guía de la ciudad crea vínculos entre extranjeros que se encuentran por primera vez con México, foráneos que descubren un Monterrey distinto y locales que redescubren su ciudad; entre artistas que no se conocían, entre personas que encuentran en la cultura un propósito, una forma de pertenecer con uno mismo, de compartir lo que saben, y de seguir aprendiendo.
Turistear no tiene que ser sinónimo de checklist, puede ser también un gesto de atención, de descubrimiento. Queremos que quien nos lea sienta que está recibiendo una invitación, no un itinerario. Que cada espacio compartido sea una posibilidad de encuentro.
¿Por qué ahora?
Vivimos en un momento donde todo sucede al mismo tiempo. Saltamos de estímulo en estímulo, absorbemos información sin detenernos a procesarla. Hay una sensación constante de urgencia, de no perdernos nada, de estar en todo. Y, sin darnos cuenta, eso que parece conexión se vuelve dispersión.
Zygmunt Bauman llamó modernidad líquida a esta época donde todo cambia demasiado rápido, donde los vínculos se vuelven frágiles y el compromiso se diluye. Tal vez por eso hoy más que nunca necesitamos experiencias que nos inviten a quedarnos, aunque sea un rato más, a actuar con intención.
En medio de esa saturación, se vuelve urgente crear espacios donde la atención no se diluya, donde podamos detenernos no para aislarnos, sino para vincularnos de otra manera, poder mirarnos a los ojos desde la complicidad, desde la confianza de que podemos cuestionarnos y cuestionar con libertad. Espacios donde el descubrimiento sea guiado por el sentido más que por la novedad.
Nos gusta pensar que todos llevamos dentro un impulso por la aventura, con un significado propio, tan diverso como quienes la buscan. Esa búsqueda también habla del sentido que queremos darle a lo que vivimos. Indaga nace de ese lugar– como una brújula cultural en tiempos de caos; no se trata de decirte cómo ver las cosas, pero señalar lo que puede abrir puertas, provocar una pausa o despertar algo. Nos gusta más lo que ilumina que lo que sólo deslumbra. Ahí encontramos lo que nos mueve y queremos compartirlo contigo.